El presbítero Mauricio Larrosa, presidente de la Organización de Seminarios de la Argentina, analizó en LV12 por qué cada vez menos personas eligen ser curas.
La Iglesia Católica cada vez tiene menos curas y seminaristas. Las estadísticas refuerzan esta idea: de los 1247 aspirantes a sacerdotes que había en la Argentina de 2004, 20 años después hay 48.
Por este motivo, LV12 Radio Independencia se contactó con el presbítero Mauricio Larrosa, presidente de la Organización de Seminarios de la Argentina (OSAR).
En primer lugar, el entrevistado señala que la educación de los futuros sacerdotes no se acota en los seminarios de las diócesis: «En realidad, siempre la cantidad de aspirantes en sacerdocio es proporcional a la densidad de vida cristiana de las parroquias, de las comunidades y así como desde hace muchísimos años hay menos, que es otra de las vocaciones importantes para la vida de la iglesia, también disminuyen las vocaciones al sacerdocio».
» Si nuestras diócesis, nuestras parroquias rebosan de vida, de movimiento, de gente que asiste a la misa, que participa en los distintos grupos, que oran, que van a misionar, eso es vida cristina. Sin embargo, la vida cristina va más allá de la parroquia, cualquier bautizado que quiera vivir la fe y transmitir los valores del evangelio en su trabajo o donde está y busca alimentarse de la eucaristía el domingo, eso es densidad de vida cristina, gente comprometida con causa de cristo, normalmente ese el indicador de las vocaciones», agregó.

Por qué cada vez menos eligen ser curas en la Argentina. (Foto: Camino Religioso)
Siguiendo esta línea asegura que hay varios factores que llevaron a esta caída de la densidad de vida cristiana: «Hay muchos y uno que me parece interesante y que marcan los sociólogos es que hay como una ruptura generacional, las nuevas generaciones no acogen, no reciben de sus antecesoras el legado cultural en general, no es solo un problema de la religión, sino de la cultura en general, los adultos no somos capaces de legarle a las nuevas generaciones algo que ellos crean como provechoso».
Y continuó: «Se está gestando una cultura distinta y nosotros tenemos que buscar cómo poder transmitir estos valores que a lo largo de los siglos hemos conquistado, pero eso no significa que sea malo, se está gestando un nuevo mundo que tenemos que ver cómo hacemos nuestro aporte cristiano hacia el futuro».
A notros más que evolucionar, nos interesa ver cómo mantenemos nuestra fidelidad a los orígenes, nuestra fidelidad a Cristo, al evangelio, los números para la mentalidad del evangelio es algo muy relativo, el buen pastor abandona 99 para ir a buscar 1, es decir son otras matemáticas y un granito de mostaza o un poquito levadura es lo que hace capaz de fermentar toda la masa en un futuro, así que a nosotros nos interesa más esa concentración de fidelidad, que es lo que intentamos buscar.
Iglesias abandonadas y fe en declive
Un fenómeno que se profundiza en el siglo XXI y que en muchos casos lleva a que se planteen refuncionalizar o vender propiedades, parroquias, conventos y hasta seminarios.
«Es como en una familia, una casa que no usas tenés que buscar cómo usarla porque si no se echa a perder, es algo a rever en muchas comunidades religiosas, sobre todo muchas comunidades de monjas, que por ahí quedan dos o tres monjitas para un colegio enorme o una casa enorme», explicó.
Lo que eran los medios para la evangelización terminan ahora constituyendo como fines porque hay gente para cuidar esos lugares, cuando esos lugares son simplemente un instrumento o fueron pensados como un instrumento para la evangelización y cuesta deshacerse de eso que costó tanto a tantas generaciones, pero tienen un sentido de instrumento de uso.
«Ahora cuando se pierden, no sirven para evangelizar o para asegurarnos nuestra vida cristina y nos transformamos los religiosos en personas que cuidan lugares, eso va en contra de nuestra propia identidad y eso también nos hace mal, nos hace perder el tiempo, energía, recursos», agregó.
¿Cuál es la importancia del uso de las redes sociales en la iglesia?
«No hay nada del lenguaje humano, de los ámbitos humanos que sean ajenos a Cristo, a través de todo lo que sea humano puede transmitirse la palabra de Dios, puede transmitirse Jesucristo», finalizó.